|
Hoy el sindicato actúa y se sitúa en un mundo cada vez más complejo. Las transformaciones y las dinámicas del trabajo han conformado un nuevo contexto que redefine su papel y le impone nuevos desafíos que van más allá de las lógicas corporativistas, individualistas y consumistas del modelo de desarrollo neoliberal.
Los trabajadores de la empresa COEMIN S.A., mineros de la región de Atacama, han estado en huelga por más de un mes, luchando por su derecho a un sueldo digno. Los trabajadores de la empresa Guante llevan más de veinte días, enarbolando las mismas banderas.
Los empresarios dueños de esos capitales, responden en la lógica más perversa de la asimetría entre capital-trabajo y se niegan a negociar. Ambos casos son ejemplos actuales de la realidad que viven los trabajadores y nos demuestran el papel irrenunciable que tiene la organización sindical.
El cerco comunicacional impuesto desde la hegemonía del poder no se interesa en mostrar estas situaciones que pasan inadvertidas para la comunidad nacional, soliendo ser visibles sólo cuando existe una criminalización del movimiento.
Estos conflictos se insertan, entre otros muchos, en la economía capitalista mundial, con su crisis financiera en curso, la cual configura un nuevo tipo de sociedad, donde los ordenamientos laborales, como la flexibilidad de los contratos, la facilitación de los despidos colectivos e individuales, la extensión de la jornada de trabajo, la pérdida de protección social, etc. acomodan una mano de obra útil a los intereses del capital nacional o global.
La desigualdad, la pobreza y la crisis del empleo son el resultado de la liberalización de la economía, la desregulación y los ajustes estructurales que acompañan esta globalización, configurando nuevos marcos de dominación.
El sindicato actúa y se sitúa en este mundo cada vez más complejo. Las transformaciones y las dinámicas del trabajo han conformado un nuevo contexto que redefine su papel y le impone nuevos desafíos que van más allá de las lógicas corporativistas, individualistas y consumistas del modelo de desarrollo neoliberal.
Entonces, la acción conjunta de los trabajadores es una necesidad, una exigencia para replantearse transformaciones profundas de la sociedad chilena, para avanzar en la democracia participativa y en modelos de desarrollo sustentable, respetuosos del medioambiente y de la fragilidad de los ecosistemas.
Es necesario leer el nuevo momento en la organización del trabajo e invocar los repertorios de acción aprendidos en la historia de las luchas sindicales a lo largo del Siglo Veinte, conjugándolos con los nuevos escenarios y las nuevas exigencias que se dan en la precarización e informalidad del trabajo.
Esta acción colectiva no puede reducirse solamente a la unidad sindical, sino que debe aspirar a constituirse en una acción articuladora y ampliada de los trabajadores, en conjunto con otros actores sociales que sufren la misma vida, la negación de las esperanzas y la violación de sus derechos fundamentales.
Es necesario superar la fragmentación del modelo con nuevas estrategias, tejer redes, reunificando a los trabajadores, a la comunidad, para que las luchas sean cualitativamente más sustanciales De esta unión saben muchos los mineros de Atacama, que articulan sus demandas particulares con la defensa del agua que hacen los habitantes del valle de Copiapó.
Los principios que deben guiar esta acción sindical son los de la solidaridad, que implica la unidad estrecha, siendo flexible en las formas e inflexible en los principios.
|