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Central Unitaria de Trabajadores
CUT : 57 Años de Lucha Junto a los Trabajadores

La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Chile, cumple este 21 de agosto 57 años de representación y lucha en defensa de los derechos y las demandas de las y los trabajadores, llevando en alto las banderas del movimiento sindical chileno y siendo parte de las batallas por la democracia y la justicia social.

Ha transcurrido más de medio Siglo de batallas de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) de Chile, llevando en alto las banderas del movimiento sindical chileno y reivindicando los derechos de las y los trabajadores de esta Patria.

En el año del Bicentenario, la CUT cumple 57 años de lucha junto a los trabajadores.

Esa es la primera verdad más allá de episodios secundarios. La CUT lleva 57 años representando a la inmensa mayoría de los trabajadores chilenos, luchando por sus derechos y defendiendo sus demandas, comprometida con la justicia social y la democracia, enfrentando la inequidad, la injusticia, los abusos y el autoritarismo.

Hoy, cuando llega a este hito de aniversario, precisamente la CUT vuelve a ser referente para el movimiento sindical y social, para las fuerzas de la democracia, ante las amenazas de regresión y violación de los más elementales derechos laborales, y ante la evidencia de una situación de menoscabo para los trabajadores y sus familias, en un país donde aumentaron en 355 mil los pobres y donde los ricos tienen ingresos 46 veces superior al de los pobres.

La CUT está indisolublemente ligada a la historia del movimiento obrero y sindical en Chile. Es consecuencia de históricas, inolvidables y necesarias luchas sociales que marcaron la historia de este país.

La CUT cumple 57 años y al mirar el camino recorrido hay que evocar historias y luchas que se han desarrollado durante tres Siglos; desde finales del Siglo XIX, durante el Siglo XX y lo que ya está caminado del Siglo XXI.

Cómo no evocar el surgimiento del trabajo de artesanos, mineros del carbón y el salitre, de los trabajadores del campo, de los obreros de las incipientes actividades productivas y de servicios, y luego la aparición de actividades como los trabajadores de los puertos, de la tipografía y la construcción.

Ya en desarrollo la clase obrera, se va haciendo latente la necesidad de contar con derechos y de organizarse para conseguir mejoras laborales y de supervivencia. Una de las primeras respuestas de los trabajadores organizados, fueron las mutuales, las mancomunales, dedicadas a la asistencia social, al socorro, a la ayuda muta de clase.

Claro que en las primeras décadas del Siglo XX los trabajadores chilenos comienzan también a tomar conciencia de la necesidad, primero, de organizarse y, segundo, de movilizarse por sus derechos.

Un hito fundamental de aquello fue la huelga de salitreros en Iquique, quienes en compañía de sus mujeres e hijos, llegaron y se instalaron en la Escuela Santa María de Iquique, esperando respuesta de los dueños de las salitreras y del gobierno. Pero la respuesta a sus demandas ni fue justicia, sino la más decisiva represión. Y se produjo la matanza de la Escuela Santa María.

La FOCH y la organización de los trabajadores.

Fue en 1919 que los trabajadores de Chile dieron el primer paso y el más importante en cuanto a su organización y unidad. Se fundó la Federación Obrera de Chile (FOCH). Esta organización consiguió aglutinar al movimiento sindical. Con la FOCH surge la prensa obrera y se despliegan los sindicatos.

En esas fechas, mostraba sus dotes de conductor y líder sindical, capaz de exponer y defender los derechos de los trabajadores, el sindicalista Luis Emilio Recabarren, que se convertiría hasta hoy en referencia y ejemplo de las luchas obreras y sociales en Chile.

A mediados y finales de la década del veinte, se producen varios hechos que marcan el desarrollo del movimiento obrero: el crea el primer Código del Trabajo que legaliza los sindicatos, generando cierta polémica entre las organizaciones de trabajadores; Carlos Ibáñez del Campo, carabina en mano, se toma la presidencia y se produce una asonada represiva contra los trabajadores, en medio de una gran crisis económica mundial; se afianza la explotación salitrera; se produce quizá el mayor trasvasije de obreros desde la provincia a la capital, generando un radio de pobreza y desempleo.

En la década siguiente, hay dos situaciones que influyen positivamente en los trabajadores. A finales de diciembre de 1936 se efectúa el Congreso Constituyente de la Confederación de Trabajadores de Chile, reforzándose un proyecto unitario político, social y cultural. Se produce paralelo a este proceso organizativo, un proceso institucional y legislativo destinado a reforzar las leyes laborales que benefician a los trabajadores y mejoran sus condiciones de vida.

La otra situación es el triunfo presidencial histórico del Frente Popular que aglutina a las fuerzas democráticas y de reformas profundas, encabezado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda que levanta el lema “Gobernar es Educar”, ampliándose los derechos de los trabajadores y dándose respuesta al pueblo con medidas como instalar escuelas en todo el país.

En la década de los treinta surge nítidamente un sector medio en el país, el cual se identifica con las políticas progresistas y reformistas y de alguna manera acompaña las luchas de los trabajadores.

Pero así como el paso de los años 20 a los años 30 marcó un avance para el movimiento obrero y su organización, el paso de los 30 a los 40 significó un retroceso significativo. De partida, gana la elección presidencial Gabriel González Videla, quien ya en La Moneda da la espalda a las fuerzas democráticas y populares y adopta una actitud beligerante frente a los trabajadores. González Videla emite la Ley Maldita que ilegaliza a las organizaciones políticas y sociales del pueblo y manda a la cárcel y la relegación a cientos de dirigentes sindicales y políticos.

Se producen también fuerte discrepancias al interior de la Confederación de Trabajadores de Chile, las que terminan en el quiebre de la organización y la dispersión de las fuerzas sindicales.

Más o menos a mitad de Siglo viene un largo periodo de repliegue, cierta contención y reflexión de todo tipo en el campo sindical, aunque los trabajadores no cesan de luchar por sus derechos, exponer sus demandas reivindicativas y buscar formas de organización unitaria y coordinada a nivel nacional.

Congreso constituyente y rearticulación de la clase trabajadora.

A inicios de los años cincuenta se produce un hecho determinante producto de todo ese proceso. Entre el 12 y el 16 de febrero de 1953, se efectúa el Congreso Constituyente de la Central Única de Trabajadores, la CUT.

Fue la concreción de la unidad más amplia y profunda del movimiento obrero y sindical de Chile. Fue la expresión más clara del ideario de los trabajadores de Chile. Y fue la demostración más explícita de lucha por los derechos de la clase trabajadora, por la justicia social y por la democracia en el país.

Nadie duda que el nacimiento de la CUT el 12 de febrero de 1953, constituyó el acontecimiento más grande e importante del Siglo XX en relación a los trabajadores chilenos. La CUT logra, por cierto, aglutinar a diversidad de sectores de distintas áreas productivas del país. Es una organización poderosa.

Si a inicios del Siglo XX, Luis Emilio Recabarren era el líder de las primeras gestas del sindicalismo, a mitad del Siglo XX emerge otra figura que sería gravitante en el liderazgo de los trabajadores; Clotario Blest. Hombre sencillo y lúcido, asume como primer Presidente de la CUT en 1953. Un hombre que dedicó su vida a la unidad de los trabajadores y a la defensa de sus derechos con un activismo dotado de valentía e inteligencia.

Durante toda la década de los cincuenta, la CUT logra expandir los sindicatos, se desarrollan centenares de huelgas y varios paros nacionales, aumenta el ideario reivindicativo de los trabajadores que es planteado por parlamentarios de izquierda en el Congreso Nacional, se encaran las políticas antipopulares y de abuso por parte de los empresarios, latifundistas y particularmente del gobierno de Jorge Alessandri, dueño de la Papelera y defensor de la derecha más conservadora y del sector privado.

En los años sesenta se produce la presencia en la CUT no sólo de los sindicatos y organizaciones de trabajadores, sino también de comunistas, socialistas, democratacristianos, radicales, y otros sectores políticos, lo que potenció la fuerza e influencia de la Central Única.

A finales de los cincuenta, toda la década del sesenta e inicios de los setenta, se produce un auge, expansión y consolidación de las luchas de los trabajadores del campo y la ciudad y la CUT alcanza una proyección y fortaleza inmensas.

En 1964 asume la presidencia el democratacristiano Eduardo Frei Montalva, y durante su gobierno se producen algunos hechos positivos para los trabajadores. El Presidente da el impulso a la Reforma Agraria que beneficia a miles de campesinos y promueve la sindicalización campesina. Producido aquellos, los sindicatos del campo se integran a la CUT, fortaleciéndola y vitalizándola.

La CUT logra parar una ley que quería sacar Frei Montalva, que posibilitaba la contratación de trabajadores en una empresa en huelga, si las demandas de los huelguistas se consideraban “exageradas”. También la CUT repudia hechos represivos en la época y critica bonos-migajas que quería dar el gobierno a los trabajadores como respuesta a profundas demandas.

El año 1969 se produce una de las acciones más decisivas y contundentes de la CUT en el plano de la defensa de la democracia en Chile y en el encarar a fuerzas golpistas y autoritarias.

Ante el intento de Golpe de Estado encabezado por el general Roberto Viaux, la CUT moviliza a todas sus fuerza, llama a un paro nacional y traslada cientos de trabajadores a los alrededores de La Moneda para respaldar y defender al gobierno democráticamente electo.

El gobierno popular y la CUT.

Un año después se produciría otro hecho histórico que quedaría en los anales trascendentes de la CUT. El 4 de septiembre de 1970 triunfa la candidatura presidencial del socialista Salvador Allende, en representación de la Unidad Popular, que aglutinaba a partidos democráticos y populares. Resulta que la inmensa mayoría de la CUT respaldaba esa candidatura, considerando a Allende un fiel representante de los trabajadores.

A inicios de los setenta, la CUT cuenta con más de un millón de afiliados y una influencia social, sindical y política determinante.

Los trabajadores, sus sindicatos y diversidad de organizaciones, adhieren al Programa de la Unidad Popular, lo defienden y lo impulsan. La CUT se convierte en un organismo de masas del gobierno de Salvador Allende. Quizá el más poderoso de todos.

En esos años, la presidencia de la CUT la tiene el comunista Luis Figueroa, ligado durante décadas a la actividad sindical, dirigente del Departamento Juvenil de la Central,  y destacado por sus esfuerzos de mantener la unidad de la Central y dar una conducción madura y eficaz en esos convulsionados años.

Se producen situaciones complejas para los trabajadores, propias del vertiginoso avance de profundas demandas sociales y laborales y el planteamiento de transformación de la sociedad chilena. Se crea el Área Social y los trabajadores se integran a la conducción de las empresas; se profundiza la Reforma Agraria; se nacionaliza el cobre; se producen tomas de fábricas y empresas con la exigencia de dejarlas en manos de los trabajadores; se crean los Cordones Industriales conducidos por trabajadores de partidos de izquierda; se deben activar acciones para repeler las ofensivas de la derecha, los empresarios, los latifundistas y la oligarquía.

En medio de todo, es innegable que el mundo sindical, los trabajadores, se ven cruzados por el debate y la situación de que, desde el campo de la Unidad Popular y fuerzas de izquierda, algunos querían avanzar más rápido en el proceso transformador y otros hacerlo a un ritmo que imponía ciertas condiciones del país.

En medio de todo, el año 1972, se produce un hecho inédito en la CUT. Por primera vez se llama a elecciones universales dentro de la Central, con derecho a participación de afiliados y no afiliados.

Como era natural, ello profundiza la politización del movimiento sindical y remueve orgánicas partidarias.

Un efecto concreto de ello es que se presentan diez listas para disputar la conducción de la CUT, desde la Democracia Cristiana, pasando por los partidos de la Unidad Popular (socialistas y comunistas, entre otros), hasta el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR) del MIR. El proceso se desarrolló con dificultades y en medio de tensiones, pero al final surgió una dirección legitimada y en todos los niveles quedó representación de las fuerzas en disputa.

Luis Figueroa, del Partido Comunista, fue ratificado como presidente, y el socialista Rolando Calderón asumió la secretaría general.

Un hecho que evidenció el compromiso de la CUT con el gobierno de Salvador Allende y la confianza que el Presidente tenía en la Central, fue el nombramiento en 1972 de Figueroa como Ministro del Trabajo y de Calderón como Ministro de Agricultura.

En ese periodo, además, la CUT obtiene su personalidad jurídica. En ese tiempo también, se producen situaciones de fortalecimiento de las posiciones de los trabajadores, como el hecho de que varios parlamentarios provienen de la clase trabajadora y de la propia CUT.

En 1973 Chile están enfrascado en un profundo, complejo, dinámico y determinante proceso transformador y revolucionario que pone en tensión todas las fuerzas de los sectores democráticos y populares, pero también de la derecha, el empresariado, la oligarquía y particularmente del gobierno de Richard Nixon en Estados Unidos.

En medio de ese panorama decisivo para la historia del país, el Presidente Salvador Allende toma la decisión de convocar a los ciudadanos a un plebiscito para definir el destino inmediato del país. Pero las fuerzas de derecha y golpistas se adelantan, y el 11 de septiembre de 1973 se produce el Golpe de Estado.

El Golpe de Estado y el repliegue de los trabajadores.

Específicamente, ese día se desata la más feroz, sanguinaria y despiadada persecución contra el movimiento sindical chileno, contra la CUT y sus dirigentes, contra los sindicatos y contra los trabajadores de la ciudad y el campo.

Nunca en la historia de Chile se había conocido de tal nivel represivo a nivel nacional.

Dirigentes de la CUT y del movimiento sindical son asesinados, encarcelados, torturados, condenados, enviados al exilio y obligados a vivir en la clandestinidad.

La CUT es declarada ilegal, así como los sindicatos, federaciones, confederaciones, y toda forma de organización de los trabajadores. El Bando N°36 de la Junta Militar, cancela la personalidad jurídica de la CUT.

Aún así, desde los primeros días se produce focos de resistencia de los trabajadores en varios puntos del país, lo que incluyó enfrentamientos armados contra los militares golpistas. En esas luchas perdieron la vida trabajadores y dirigentes que no dudaron en defender el gobierno del Presidente Salvador Allende.

Los años inmediatamente posteriores al Golpe de Estado fueron de repliegue y cuidados dentro del movimiento sindical.

Los trabajadores no tenían forma de estar organizados. Muchos optaron por buscar incipiente organización en los partidos populares. La represión, la persecución, el amedrentamiento, las acciones hostiles y abusivas de empresarios y patrones, las necesidades de sobrevivencia familiar, la influencia ideológica de los medios de la dictadura y el cerco legal, terminan, realmente, por desbaratar y debilitar a la CUT y al movimiento sindical.

Aún así, en muchos sectores del movimiento sindical sigue encendida la chispa de la resistencia, la organización, la unidad y la defensa de los derechos laborales. Ello se expresa sobre todo en algunos sindicatos y lugares de trabajo.

Momentos importantes para la organización y reactivación de la lucha sindical y de los trabajadores fueron la creación, en 1977, y a instancias del Cardenal Raúl Silva Henríquez, de la Vicaría Pastoral Obrera, que estaba a cargo de Monseñor Alfonso Baeza.

Y en 1978, el nacimiento de la Coordinadora Nacional Sindical, un paso fundamental para la recomposición y reactivación del movimiento sindical chileno en medio de la dictadura.

El Primero de Mayo de 1978, la Coordinadora Nacional Sindical convocó, por primera vez desde 1973, a la conmemoración pública y activa del Día de los Trabajadores. Se produjo una fuerte represión.

Hay que decir que a finales de los setenta e inicios de los ochenta, se vienen sucesivos golpes tremendos contra los trabajadores. A la represión y conculcación de derechos, se suma la imposición en el país del modelo económico neoliberal.

Ello se expresa en hechos como los siguientes: se impone el Decreto 220 que deja prácticamente nulo el Código del Trabajo y en 1978 se consolida ese instrumento convirtiéndose en el Plan Laboral que elimina grandes conquistas laborales y fundamentales derechos de los trabajadores, dejando a la intemperie legal a los asalariados; en 1982 se produce la privatización del sistema previsional y surgen las AFP, dañando severamente las pensiones de los trabajadores; se reduce al mínimo la capacidad de los sindicatos, se declara de hecho la inoperancia de la negociación colectiva, se termina prácticamente con el derecho a huelga, se instala la idea de que no vale la pena estar organizados colectivamente y persiste la represión contra el sindicalismo.

Rearticulación.

Pero los trabajadores, sus agrupaciones y sus dirigentes no ceden.

La Coordinadora Nacional Sindical presenta el año 1981 el Pliego de Chile, firmado por más de dos mil representantes sindicales de todo el país.

Esas batallas tenían a Manuel Bustos a la cabeza de la Coordinadora, despuntando como líder sindical y asumiendo un rol de defensa y promoción de los derechos de los trabajadores que lo situaría como uno de los líderes en la lucha por la democracia y la justicia social durante la dictadura.

Así, a inicios de los ochenta, el movimiento sindical ya tomaba cuerpo nuevamente y quedaban instaladas varias reivindicaciones, sobre todo en relación a eliminar el Plan Laboral y buscar la manera de que se pudieran defender las reivindicaciones de los trabajadores.

La dictadura no se quedó de brazos cruzados. Siguió reprimiendo ferozmente y además agregó un factor aparentemente legal, al meter al Poder Judicial en acciones antisindicales.

Los militares acusan de asociación ilícita a los dirigentes de la Coordinadora Nacional Sindical y a través de Tribunales buscan detener y encarcelar a los dirigentes sindicales. Además de declarar ilegal y anticonstitucional cualquier demanda laboral. En esto jugó un rol el juez Sergio Valenzuela Patiño que procesó y condenó a dirigentes sindicales.

En 1982 se produce un hecho que indica que la dictadura sigue dispuesta a todo. El 25 de febrero de ese año, agentes del Estado dictatorial encabezado por Augusto Pinochet, asesinan a Tucapel Jiménez, presidente de la ANEF.

Ese mismo año, la dictadura estrena a sus brutales “gurkas” al reprimir con saña y salvajismo una actividad sindical en la Plaza Artesanos en el barrio Recoleta. Manuel Bustos, junto al dirigente de la construcción, Hugo Cuevas, es expulsado del país. Miguel Vega y Arturo Martínez asumen la conducción de la organización sindical.

Pero lejos de aminorar las energías, el movimiento sindical sigue su proceso de reforzamiento y lucha no sólo por los derechos de los trabajadores, sino por el fin de la tiranía y el retorno de la democracia a Chile.

En esas luchas comienzan a destacar las figuras de Manuel Bustos, Arturo Martínez, Rodolfo Seguel, Moisés Labraña y dirigentes de nuevas generaciones.

Un hecho importante desde el punto de vista político y organizativo, se produce con la creación del Comando Nacional de Trabajadores que pasa a presidir el democratacristisno Rodolfo Seguel.

Era una orgánica representativa y poderosa. La constituyeron la Coordinadora Nacional Sindical, la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Confederación de Trabajadores Particulares de Chile, el Frente Unitario de Trabajadores y la Unión Democrática de Trabajadores.

La lucha sindical y de los trabajadores se intensifica. Al igual que la lucha del resto de la sociedad civil, ya decidida a dar todo para poner término a la dictadura.

Comienzan las jornadas de protesta, los apagones de luz de los ciudadanos, el ruido de las cacerolas, las manifestaciones sociales, la difusión de medios de prensa democráticos, la profundización de acciones políticas.

Entre 1983 y 1985 madura y se potencia la lucha antidictatorial y particularmente las batallas del movimiento sindical. La dictadura desata la represión masiva y selectiva. En esas operaciones, son detenidos de nueva cuenta y relegados los dirigentes sindicales Manuel Bustos, Arturo Martínez y Moisés Labraña.

Un paréntesis de aliento para muchos se produce en 1987 con la visita de Juan Pablo Segundo, la cual, entre otras cosas, le otorga tácitamente un espacio al movimiento sindical y a los dirigentes que incluso logran un contacto con el Santo Padre.

Continúan las luchas en contra de un régimen que ya, desde muchos ángulos, demuestra su agotamiento.

Entre 1987 y 1988 se producen situaciones que serán decisivas para la organización, aglutinamiento y coordinación en el seno del movimiento sindical nacional.

Reconstrucción de la CUT.

En 1987 se acuerda disolver la Coordinadora Nacional Sindical y comienza el trabajo para reconstituir la CUT.

Después de un año de intensa labor y gestiones, el 20 y 21 de agosto de 1988, se realiza un encuentro en el cual se toma la resolución de fundar la Central Unitaria de Trabajadores, CUT de Chile. Manuel Bustos es elegido presidente y Clotario Blest presidente honorario. Las organizaciones sindicales de todo el país se aglutinan en la nueva CUT.

Ello propina un duro golpe a los objetivos buscados por la dictadura.

Hay que decir que a esas alturas, la organización de los trabajadores de Chile ya integraba la Asamblea de la Civilidad, que reunía a todos los sectores de la sociedad chilena que enfrentaban a la dictadura.

Luego la CUT es parte de episodios determinantes en la historia moderna del país, como el triunfo del No en el plebiscito de octubre de 1988, la primera elección presidencial y parlamentaria post Golpe de Estado en 1989, y la llegada de Patricio Aylwin (Concertación por la Democracia) a La Moneda en marzo de 1990.

Grados de expectativa, ansiedad, complejidad, desafíos, cruzan al movimiento social y político democrático en Chile.

La CUT no es ajena a ello. Así, durante la década del noventa se incuba dentro de la Central Unitaria un proceso de discusión, contradicciones, miradas contrapuestas, posicionamientos diferenciados que ponen al borde de un quiebre a la multisindical.

En todo ello incide un movimiento sindical desarticulado, la precariedad de sindicatos y organizaciones de los trabajadores en todo el país, y las confusiones y tensiones en torno del primer gobierno democrático post dictadura, que prioriza por reforzar el sistema democrático y postergar objetivos, como las demandas de los trabajadores.

En esos años la muerte por cáncer de Manuel Bustos implica una pérdida significativa para la CUT.

Le corresponde al socialista Arturo Martínez asumir la conducción de la Central.

Como sea, se fortalece la organicidad interna de la CUT, se democratiza su fórmula electoral interna, se refuerza la necesidad de expandir la sindicalización, se defienden las demandas nacionales y sectoriales de los trabajadores y se realizan marchas, concentraciones y actos (sobre todo para conmemorar el Primero de Mayo), donde se reúnen miles de trabajadores, pero también gente de otros sectores de la sociedad civil.

El 2002, la CUT sostiene la demanda Por un Chile Justo, que pone en el centro la necesidad de luchar y avanzar por un modelo de desarrollo justo y equitativo, hacer profundas reformas y transformaciones al sistema neoliberal, recuperar riquezas naturales del país y obtener derechos políticos y civiles de los trabajadores y de los sindicatos.

En el 2003 se convoca al primer paro nacional de trabajadores, durante el gobierno de Ricardo Lagos, dándose una señal inequívoca de que la CUT y los asalariados no iban a desvanecer en exigir sus reivindicaciones y que eran capaces de estar unidos.

En la década del dos mil se avanza sustantivamente en el fortalecimiento de la CUT, aumenta su grado de representatividad y de interlocución, se ponen sobre la mesa demandas centrales como mayor sindicalización y mejor negociación colectiva, se apoyan a otro sectores sociales, se exige cambios en el sistema previsional privatizado y se lucha por mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Se sintetiza en la exigencia de empleos decentes y salarios dignos. Además, se exige modificar la ley electoral para que representantes de los trabajadores puedan postularse al Congreso y que se termine con el sistema electoral binominal.

En el 2010, al cumplir 57 años de existencia, la CUT cuenta con 782 mil afiliados en todo el país. Hay cientos de sindicatos incorporados. La CUT representa a diversidad de sectores productivos y de servicios. Trabaja además para representar a los sectores laborales medios, de profesionales y otras ramas del mundo del trabajo.

Ha sido más de medio Siglo de luchas intensas. Con retrocesos y avances. Duros golpes y enormes logros. La CUT ha sido parte de la historia de Chile. Así como este Bicentenario de la Independencia cuenta entre sus hitos gravitantes sucesos protagonizados por los trabajadores y el movimiento sindical.

La historia se sigue construyendo. Vendrán nuevas batallas. La CUT seguirá activa y presente. Continuará la construcción del sindicalismo chileno. Seguirán las luchas de las trabajadoras y los trabajadores por construir un futuro mejor, más pleno, más justo, más equitativo. Nadie pudo y nadie podrá trancarle el paso a los trabajadores. La CUT será herramienta de lucha y reivindicación para bien de Chile, de los trabajadores, de las fuerzas transformadoras y democráticas.


By cutchile.cl
Sep 1, 2010, 08:09



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